lunes, 11 de noviembre de 2013

Manchas en la Pared I

Nadie tiene el poder de quitarte tu felicidad, busca el amor, lucha por los sentimientos que al final de la batalla, sabrás que los sentimientos son infinitos y que nunca terminas de conocerlos.

Sientes cómo el corazón se acurruca, cómo si alguien lo cogiese a través de tu cuerpo y lo apretara dejándolo inmóvil para sus latidos. Sientes como un aire frío congela tu cabeza, tus manos y tus piernas, sientes que el corazón cobra su movilización pero esta vez de forma acelerada, casi queriendo escapar de las arterias y huir sin razón alguna. Cómo si cobrara vida y tomara decisiones sin consultar al cerebro que le dice que se tranquilice. Sientes como esa sonrisa que siempre llevas a pesar de los problemas se quiebra, tu sentido de la visión se empaña, no ves nada claro, tus labios se mueven solos, todo cobra vida, una vida muerta, una vida en la que el alma huye por unos instantes y grita en silencio.

Miras a los costados y desconoces el lugar, hora y fecha en el que estás. El frío sigue apoderándose de tu cuerpo tienes ganas de pelear contra una roca si es posible, respiras, respiras, respiras y es inútil.

Sientes cómo lagrimas apresuradas caen por tus mejillas y se pierden en tus labios, intentas sonreír, decir que todo estará bien, entonces sientes de nuevo esa sensación de apretón en tu corazón, todo se hace grande: - ¡Qué hago yo aquí!. Exclamas. No hay respuestas.

Tienes que gritar en silencio y tus gemidos más tristes se acomodarán a tu espacio, tienes ganas de mandar todo a la mierda, hasta tu entorno, desconectar del mundo, pensar que te equivocaste y que el amor es sólo para 'exquisitos del sufrimiento'.

Tu cuerpo pide huir, tu corazón se enfría y sus latidos no cesan, tu respiración se incrementa, limpias tus lágrimas, es cuando todo va aclarándose, no hay razón para quedarte entre paredes llorando tu tristeza ajena.

La sensación más extraña de tu vida llega, a pesar de todo el poderío mencionado sientes que nunca tendrás la misma sensación, que todo llega en el momento menos esperado tu corazón toma fuerza, sientes como va llevando las cosas con calma, el frío va limitándose, entonces, te la imaginas riendo, hablándote, diciendo que todo estará bien, ves cómo sus ojos se iluminan, sus labios esperan ser tocados de nuevo y te das cuenta que no debes darte por vencido, sientes que tienes que luchar, a no desesperar a demostrar que te equivocaste, pero que tienes el poder para corregir, el poder del perdón y del amor, no sin antes perdonarte a ti mismo.

Entonces te das cuenta que su sonrisa es la luz que ilumina el camino, que es única y que nadie besará, hablará, reirá y te hará el amor, cómo ella misma sabe hacerlo.


Para aprender amar, hay que aprender a sufrir
"Que el amor no valga la pena. Sino la ALEGRÍA".

Andreé Salcedo

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