Pronuncia el nombre del pasado mientras un alma toca el clítoris del presente,
pronuncia sin ausentes los nombres de los ciento veinte mientras mi mirada juega
el que calla en gritos y grita el mudo, cierra ojos tristes y alegre sin saber de su mente.
No desvanezcas en la luz y observa la vagina, vientre del alma tan pura y satanizada,
quizá me muera mañana con tus labios dulces de tu mirada amarga que llantos riega
mientras me sosiega la locura del sexo sin tabúes en tu cuerpo y anhela viejo doctor,
el poder que hay en tus piernas, la maravilla paradisíaca y flor de la afrodita,
que es la cura bendita a mi locura sin cordura de una mente virgen que el sexo penetró.
No temas de tus lágrimas ni de tus sonrisas, sino de aquel vagabundo que en la puerta
llamó a la más cruel mujer de raza mestiza y en brisa se enfermó.
El emperador ríe de su pueblo que ha tomado su palacio en protesta de soldados
la noticia en cada esquina, es un escándalo, no hay perro sin gato ni ratón sin león,
llaman a las ninfas a casarse y a los gnomos a escribir el destino de una noche sin estrellas
y mirando desde la arena una joven sonríe con el velo esperando la llegada del sol.
Han pasado doscientos cuarenta nombres sin saber su destino han jugado en las piernas
de la dama misteriosa y no es para más sino en un deslumbre de desnudez,
ha sonreído el pueblo al amanecer de una luna con belleza ajena.
En nombre del amor han rozado el clítoris de la vida y penetrando a los sueños
han logrado que apareciera la realidad de un orgasmo sin dueños
mientras en un instante se ha sentido tan elegante y tan amado
la esperanza de un mundo en caída que no ha follado.
Toma el control de mi desorden bipolar mientras mis labios se acercan
a tus ojos para lamer tu visión de un mundo misterioso,
morder no es mi prioridad pero si robarte una moneda de carne
para vivir en paz, mientras bajo el puente guardo una botella de cristal,
botella rota en pedazos que sirve para cortar mis venas y beber mi sangre
sin ánimo de consideración recito frente a la oscura fachada de tu portal
versos de Poe que bajo mi cama leí en una noche sin remedios ni cura.
Que no me lleven al hospital de los olvidados, aquí pertenecen mis sonrisas,
mis penetrantes corridas de lentitud y sin prisas.
Al tomar de mi mano y bajo el juramento de plutón,
no niego que seamos dos ni tres sino los necesarios
para hacer una orgía de revolución, mientras mi cordura
me hace recordar que es la hora de la masturbación.
Andreé Salcedo

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