*Para una persona muy especial, que me hace reír y olvidarme de los problemas, para quien es parte de la naturaleza como ser humano y como mujer; Dedicado para Sandra Canadas.*
“Es
posible que el mundo ya no recuerde la historia, es posible que los árboles aún
se pregunten en donde quedo la simpatía del que les prometió salvar la
naturaleza, es posible que este equivocado y que esta historia sea un invento
de mi mente triturada por fantasías y cuentos mudos que yacen quietos sin que
una voz los cuente”.
Eran aquellos tiempos de antiguas mañanas por las tardes los árboles susurraban el secreto de sus hojas y el viento acariciaba sus ramas, la suave brisa tropical los encerraba en un ambiente cálido y cómodo.
El mundo estaba quieto a los silbidos y sonrisas de criaturas extrañas que habitaban sus bosques de colores con sensaciones psicodélicas, los hongos, las flores, el sol, la brisa, los ríos, lagunas, montes, los frutos, todo estaba conectado entre sí.
En aquel entonces criaturas pequeñas se encargaban de resolver los problemas de la Pachamama o madre tierra. Eran seres extraños de gorras en puntas, rostros con chapas, cabellos de distintos colores, y totalmente llenos de inocencia se les llamaba ‘Mukys’ criaturas curiosas y alegres que no necesitaban de problemas para inventar las soluciones, eran dotadas de sabiduría y amor por lo que entonces a ellos les fascinaba vivir en armonía, digámoslo así que era casi una tradición sin costumbre. Las aldeas se dividían en cuatro sectores: tierra, agua, vegetal y animal. Si un muky tenía en cuenta esos 4 factores los problemas simplemente no existían.
Supac
era el anciano de la aldea, por lo tanto se le debía respeto y mucha atención
ya que no había nadie quien pudiera conservar tanta sabiduría a sus 999 años de
sobre existencia en la Pachamama. Como era de costumbre Supac subía todas las mañanas a su roca de cuarzo, su acompañante desde que tomó la posición del líder, el decía que esa roca era como ninguna otra y que lo ayudaba a meditar un poco, también le servía para convocar a los Mukys en su la labor de cada día, solo que esta vez era muy diferente. Supac estaba a dos semanas de llegar al limíte de los años que la Pachamama podía otorgar a un Muky, fue entonces que Supac descubrió por si mismo lo que era literalmente la preocupación exagerada, tenía que meditar muy bien a quien dejaría al mando de toda la aldea. La costumbre decía que un Muky líder debería por criterio común dejar a su linaje correr y si no tenía descendencia debería escoger al Muky que más le parezca adecuado pero una vez nombrado y presentado ante el roble más viejo del bosque sepia no tenía opción a cambiar. Convencido y sobre todo responsable de este enorme trabajo.
La idea de Supac saltó a los oídos de todos los muky’s que estaban entusiasmados, eso produjo una sensación extraña a lo cual todos quedaron pasmados, mirándose unos a otros y susurrando de forma desconcertada aquella decisión, Supac había optado por tomar una decisión trascendental al ceder el mando a Wakay.
Wakay era un muky mestizo con sangre de gnomo, gracias a la dinastía de Chirus, el abuelo de wakay quien fue el mejor mago de la aldea. Entre los murmureos todas las miradas eran hacia wakay, quien miraba desconcertado escondido entre los girasoles. Wakay no sabía de lo que sucedía ya que tenía un pequeño detalle, Wakay era sordo.
Los mukys de la aldea se negaron a ello y pensaron que era una broma de Supac, quienes no lo tomaron con demasiado interés, no fue hasta que Supac anunció que invitaría para el amanecer a Huambra, la hada verde del bosque para que de la tradición por concluida, Supac citó a todos los mukys a la puesta del sol en el roble más viejo del bosque sepia, era allí donde la tradición debía de concluirse.
Los mukys se fueron desconcertados echándole miradas a Wakay quien aún no sabía lo que pasaba, esta vez nadie le había dado a conocer lo que Supac había dicho en aquel entonces.
Supac se acercó y le sonrió, le hizo señas de que lo siguiera, lo llevó al bosque sepia y le mostró a Urysh el roble más anciano del bosque, Wakay estaba completamente sorprendido. Supac mostró a Urysh a su sucesor de ese modo una parte de la tradición ya estaba cumplida, Urysh lo vió y las ultimas hojas de otoño comenzaron a caer, Urysh se refirió a Wakay como una nueva era para los mukys, como el cambio de generaciones y como el alma del corazón sin el pensar. Supac no dudo en contestarle que Wakay era uno de los mukys menos sociable de la aldea, pero que poseía del enorme talento que podría tener un líder y eso se le llamaba en aquel entonces AMOR. Urysh dijo que antes sus ojos caídos por los siglos habían pasado desde duendes hasta hadas guerreras quienes convencidas por una fuerza interior habían logrado despojar del mundo la presencia negativa de los problemas oscuros
que penetraban la Pachamama y que todos ellos habían logrado ver la luz de la victoria y la satisfacción de ver el resultado de sus actos.
Ambos le mostraron cuál sería su posición en adelante, él era el elegido para seguir el liderazgo de la aldea. Wakay no tenía otras expresiones más que las de felicidad excesiva, saltó por todo el bosque, sentía la brisa abrazaba los árboles y fue corriendo hasta la aldea de tanta emoción.
La puesta del sol se acercaba, los mukys se estaban concentrando y los caracoles dotados de paciencia enaltecían la ceremonia, los caracoles eran seres con sabiduría que la Pachamama había entregado a la tarea de reparar todo aquello que este maltratado y que gracias a su paciencia lo podrían lograr.
El mundo de la Pachamama iba a recibir al sucesor del líder el que gobernaría y cuidaría a la naturaleza como el hogar que era, los mukys estaban impacientes por la ceremonia en el banquete con un decorado bello y la impresionante comida que acompañaban entre fresas, quesos, manzanas, cerezos, hojas de higo, uvas, castañas, pecanas, pan horneado, habichuelas, chocolate, vino, hojas de tabaco se hacía tentador para la aldea.
Así pues la sombra del sol dio justo al pie de Urysh, el roble más viejo del bosque sepia y la presencia del Huambra, el hada verde del bosque, todo estaba listo para la ceremonia, los niños mukys tocaron los pututos, los cuales eran instrumentos de vientos que estaban hechos con la caparazon de caracoles de mar y que anunciaban la llegada del sucesor.
Toda la aldea empezaba a desesperarse, ya había pasado la sombra del sol prevista y Wakay no llegaba. Supac se noto desesperado, pasaron dos horas, tres y cuatro. Los mukys estaban preocupados, comenzaron los murmureos y Supac mandó a los cisnes, caracoles, monos a buscar por todo donde su paso toque, pasaron semanas, meses y años pero Wakay jamás apareció.
Pasaron siglos, para ellos Supac había dejado de existir, los mukys se preguntaron donde quedo la señal que Wakay prometió de cambios y de cambios de generaciones. Según los mitos del hongo decía que Wakay sentía tanto amor que tenía temor de estos cambios arriesgados, otros relatos dicen que encontró entre las cosas de su abuelo un libro el cual llamaba al verdadero cambio pero este tenía un proceso de 3000 años y que Wakay lo puso a prueba.
Si algún día piensas en como esta el mundo de fabricado piensa en esta historia y te darás cuenta que tiene más de un detalle que aclara el nuevo mundo y es el amor de un ser pequeño por salvar su hogar. Si un día ves a Wakay no le hables con la voz de humano sino hablale con el corazón de Gnomo que tu y yo aún lo tenemos.
"Te hablo de un corazón soñador y utópico, sub realista y lleno de magia que espera a ser escuchado para salvar muchas cosas."
Andreé Salcedo

No hay comentarios:
Publicar un comentario