viernes, 23 de septiembre de 2011

Mi Juguete Favorito

"Me acuerdo que mi infancia se dio en un pueblo del norte del Perú, ahí fueron mis primeros pasos y mi desenvolvimiento en la idiosincrasia de la gente que rodeaba a mi familia de una clase media acomodada para aquellos tiempos".


Eran los años 97 y vivía en un barrio muy pequeño, mis padres se había separado, y yo vivía en casa de mi madre con mis abuelos maternos y a ocho casas más allá vivía mi Padre con mis abuelos paternos. Recuerdo perfectamente al recuerdo de mis abuelos ellos eran fanáticos del arte de la lectura y la pintura y desde muy niño me desarrolle en todo esa rola fantástica de un mundo en el que para mí era Surrealista a toda costa.

Era un verano del 98 y desde mi ventana veía a los  niños del barrio jugar con sus bicicletas con 2 rueditas en las llantas traseras, puesto que eran exclusivamente para niños, en aquel momento no comprendía porque nunca me compraron una igual, no entendía el por qué mis padres jamás me dijeron escoge una bicicleta.

Me encontraba con los ojos puestos en mi ventana viendo a los niños jugando alegres por el barrio, cuando en aquel momento vi a “J” un niño del barrio que era amigo mío y que siempre estaba al tanto de los juguetes y se podría decir que casi era como el niño con el que mis peleas de infante eran constantes, en aquel momento vi con mucha alegría su bicicleta y decidí salir a su encuentro a ver si por ser “amigos y rivales” a la vez, me prestaba su bicicleta para jugar con ella, así fue salí con todas las emociones puestas en una sonrisa y le dije que si me prestaba su bicicleta, el me respondió en una mirada y me dijo que me la prestaría si es que yo corría por todo el barrio, mientras el paseaba en su bicicleta, Pues yo no lo pensé 2 veces y le dije que si, así comenzó un juego que acabaría siendo burlada por “J”, yo solo corría y corría pensando en el momento que tendría esa bicicleta en mi poder, al parecer fueron tantas veces las que corría que a mi madre no le pareció y mucho menos a mi abuelo el cual me vigilaba desde la ventana de la casa. Mi mente estaba en una sola concentración esa concentración era la bicicleta sin importar cuánto corriese detrás de ella y sin ver la sonrisa burlona de “J”, pasado ya un tiempo bastante prolongado y agotado de estar corriendo detrás de él fijé mis ojos a la puerta de mi casa y observé a mi abuelo salir con una camisa a cuadros y un pantalón plomo con unos zapatos muy bien lustrados y listos para ir  a la ciudad. En ese momento no me preguntaba ni quería saber a dónde se iría solo estaba atento a que “J” me diga:
               
- ¡Tu Turno!

Pasaron horas sobre horas y mi sensación por tener en mi poder aquella bicicleta se extinguía como una pequeña vela misionera, así que decidí darme por vencido y dirigirme a mi casa con con un gesto de tristeza y cansado de haber sido burlado por “J”,  me senté en la acera frente a mi casa y en un momento de silencio vi una sombra que venía hacia mi cuando el panorama se aclaraba vi la sonrisa de mi abuelo y en sus hombros me traía una bicicleta nueva, en ese momento, en ese preciso momento lo único que pensé fue en la gran alegría y entusiasmo de subirme a ella, sentí una emoción casi indescriptible por el sentimiento de amor que ambos nos teníamos, así que corrí hasta llegar a él y abrazar sus piernas, el me sonrío y me dijo esto es para ti y solo para ti, en ese momento los dos nos pusimos a quitarle el plástico que la cubría y vi como “J”  se quedó asombrado de mi nueva bicicleta, mis ojos me brillaban como nunca, y la felicidad es casi indescriptible.

Esta es la historia de mi juguete favorito, mi abuelo me enseño grandes cosas y es por lo cual lo apreció mucho como persona, era un hombre muy sabio y siempre le gustaba velar por mí, siempre enseño el significado de aprender y de cuestionar las cosas, siempre estuvo a mi lado, bueno hasta el año 99 que en una madrugada me despertaron para decirme que se había convertido en mi dulce ángel de la guarda.

                                                                                   
Dedicado a la memoria de mi Ángel de la Guarda
René Cabanillas



                          Andreé Salcedo

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